Por Federico Andonaegui. Ph: Archivo Comunidad Diversidad

En 1974 Bolivia se encontraba en plena dictadura cuando la fiesta folclórica entraba por primera vez al centro de La Paz. Ahí iban las “chinas morenas”, bailarinas travestis que vestían con una mezcla de tradición y vanguardia. Inspiradas en las vedettes argentinas, mexicanas y las rumberas cubanas, las chinas estilizaron el vestuario de la morenada. Para las fraternidades folclóricas este gesto intercultural le dio un toque de glamour a las morenadas, donde las chinas eran tratadas como estrellas y reinas.

La morenada solía ser una danza sólo de hombres y, en medio de la fiesta de migrantes del campo, en el Gran Poder (La Paz) a nadie le pareció raro o malo incorporar a figuras travestis. Por el contrario, las fraternidades se peleaban por tenerlas en sus filas.

La gran estrella era Barbarella. Ella impuso el maquillaje cargado y un peinado batido para desafiar la gravedad. Ella se puso al frente de la morenada y marcó la estética de la china morena: falda corta, cancanes, corsé, escotes, medias de malla y botas altas. Barbarella tomó las vestimentas de moda de los años 60: minifalda, botas sobre la rodilla y plataformas, fusionandolas con los elementos ya presentes en el folclore.

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Ese día un hecho inesperado e histórico aconteció. En la entrada folclórica había acudido el dictador Hugo Banzer. Barbarella lo vio y en un gesto auténtico le dio un beso en la mejilla. El hecho provocó un escándalo en la conservadora clase media paceña de la época.

¿Quería Barbarella incomodar al militar? ¿Fue un gesto de protesta o simplemente de amabilidad? ¿Qué motivó a Barbarella para besar al dictador?

“Es una pena que Barbarella se haya llevado consigo el significado de aquel beso”, reflexiona David Aruquipa, activista boliviano que ha escrito sobre esta historia. “Nunca sabremos si lo hizo como un acto reivindicativo, de desafío al poder, a la dictadura, a las fuerzas de orden, o si quiso tan sólo mostrarse estéticamente como una diosa que merecía un trato de igual a igual con el presidente”.

Lo cierto es que las razones de Barbarella -ya muerta- serán por siempre un misterio. Lo que sabemos son las consecuencias de su polémico beso.

En 1975, año siguiente al beso, a las chinas morenas se le prohibió bailar. Un “policía” de la Asociación de Conjuntos Folklóricos del Gran Poder les exigía salir. Es desconocido si la prohibición del ingreso de travestis en el Gran Poder fue escrito por el gobierno, pero las chinas morenas se infiltraron sigilosamente y volvieron a ingresar a las filas de danzantes más arriba o más abajo. Ese año terminaron de hacer el recorrido, defendidas por las fraternidades unas veces y por el público otras. Pero algo se había quebrado. Entre cholos no se las discriminaba, fue el contacto con una clase media occidentalizada lo que las prohibió. Tanta persecución, que continuó dos años más, las agotó y las convenció de llevarse su colorida presencia a las fiestas rurales, que por suerte, abundan en Bolivia.

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