Por Federico Andonaegui. Ph: Parentodo

El sexo anal acarrea la idea de ser muy doloroso, pero también muy placentero. Como todo en la vida, el saber hacerlo hace la diferencia entre lo primero y lo segundo. El esfínter puede ser un músculo caprichoso, algunas veces coopera y otras nada puede hacerlo ceder. Para ello, te compartimos algunos secretos para quien desee explorar su placer anal y prostático; pues si estás aquí, somos cómplices en dejar de lado la masculinidad tóxica y abrir paso a conocer nuevas zonas erógenas del cuerpo para retorcerte de satisfacción.

A pesar de todas las imposiciones patriarcales, hay que reconocer que el ano es una zona erógena, predispuesta al placer, ya lo ha dicho múltiples veces el psicoanálisis. Sin embargo, posee algunas dificultades concretas como la falta de lubricación y de elasticidad que lo hacen -a diferencia de la vagina- un orficio más complejo. Pero todo es posible si se realiza con cariño, paciencia y a conciencia de los límites de tu cuerpo.

Una buena manera de incursionar en los goces anales es probándolo en soledad, no hay nadie en quien puedas confiar más que en ti mismo. Cuando te estés masturbando, tócate el ano, experimenta mojando tu dedo con lubricante (o un poco de saliva) y masajearte suavemente en círculos, procurando tener las uñas cortas. Para después lentamente ir introduciendo tus dedos o juguetes sexuales, así le irás perdiendo el miedo a la zona. También si deseas, puedes recortarte un poco los pelos que rodean el lugar, ya que facilitarán el tacto y la limpieza, aunque también, los pelos también pueden ser algo muy excitante.

ph: Jo del Villar

Antes de hacerlo con alguien más, realiza un lavado para que te sientas con más seguridad de que no habrá materia fecal en el acto. La forma más recomendable de hacer esto es a través de un enema, un artículo fácil de usar que puedes adquirir en la farmacia, pues se utiliza para preparar variados exámenes médicos. La técnica con la manguera de la ducha es popular, pero no tan recomendable si no sabes hacerla, pues la presión de un chorro de agua muy fuerte puede provocarte daños.

Si decides compartir el placer sexual con otras personas, hay que tener en consideración ciertas cosas según lo que decidas hacer. En el caso de la persona que penetra: debe entender que la zona requiere de preparación, que el sexo es de poco a poco, que si te duele y le dices que salga tiene que hacerlo de inmediato sin amargura. La persona que es penetrada es la que lleva el control. Tú decides si quieres hacerlo o no. Esto es de vital importancia pues siempre hay que tener en consideración el consentimiento, pero además, porque si no quieres hacerlo es probable que no relajes el esfínter y puedes terminar con un desgarro.

También puedes experimentar el placer en pareja con juguetes sexuales, ya sea con un “strap on” o un dildo de doble terminación. En este último caso, la posibilidad de que ambas personas reciban placer por el ano es genial, una práctica democrática en todo su esplendor, donde la comunicación es crucial a la hora de establecer ritmos e intensidades.

ph: Gothicolita

El preámbulo es esencial, bastante preámbulo, masajes circulares en el ano, ya sea con el dedo, con la lengua o ambos. El beso negro es un excelente aliado, pues es necesario estimular la zona para relajar los esfínteres voluntarios e involuntarios. Luego el lubricante ayuda mucho en un área que carece de lubricación natural, existen lubricantes que ayudan a relajar el ano y pueden aplicarse unos 20 minutos antes de la penetración para que hagan efecto y desensibilicen la zona. Pregunta siempre a un experto en sexualidad sobre los componentes del lubricante, ya que algunos pueden tener componentes anestésicos que si se ingieren por la boca pueden adormecer el sistema parasimpático.

Al principio casi siempre duele, al menos un poco, pero algo que funciona es pedirle a la persona que penetra que se quede quieta por un par de segundos, si se mantienen inmóviles por un momento, el esfínter se acostumbra. Con el placer anal hay que tener paciencia, se demora en llegar, pero cuando llega, la satisfacción no tiene fin, dado las millones de terminaciones nerviosas que existen en el ano. En el medida que más disfrutes, más fácil obtendrás una dilatación grandiosa y un placer inigualable.

Supera la vergüenza y el miedo al dolor, y descubrirás la felicidad anal.