Periodista, activista y apóstata. “El Che de los Gays”, como es conocido en la calle Víctor Hugo Robles, lleva casi tres décadas reivindicando una revolución comunista, homosexual y libertaria. Su cuerpo y su deseo han sido su mejor trinchera, bailando por los desaparecidos, encabezado tomas travestis, tirado agua a Patricia Rivadeneira visibilizando el estado seropostivo y dándole belleza a la lucha callejera.

No ha sido un personaje cómodo ni para la izquierda homofóbica, ni el movimiento LGTB+ “igualado”. El autor de “Bandera Hueca” ha luchado por devolver a la memoria nacional la primera revuelta homosexual -que bautizó como “Stonewall Criollo”- ocurrida en abril de 1973 en Plaza de Armas, protagonizada por travestis pobres y putas que se rebelaron contra los abusos policiales.

Registro personal Víctor Hugo Robles.

Desde la intervención histórica de las “locas del 73” la diversidad sexual ha buscado incidir en diversos procesos sociales, ¿en qué puntos sus demandas se intersectan con la actual revuelta social?

Se vincula de muchas maneras porque nosotras somos parte de esa revuelta. Yo nunca he entendido las luchas del movimiento por la diversidad sexual como una lucha corporativa, que sólo responde tu deseo sexual o el deseo de construir una comunidad aparte (a lo San Francisco), con tus propios barrios, tu propio McDonald’s, tu propio perro, tu propio loro, etc. Lo entiendo como parte de las luchas sociales populares. Entiendo esta lucha desde mi clase, porque antes de comenzar a descubrir y construir mi sexualidad, me di cuenta que era pobre, que tenía carencias económicas, que era distinto a otros niños que tenían más recursos que yo.

Lo que más me interesa a mí sobre lo que está sucediendo ahora, es la profundización de la lucha de clases. No siempre se habla de eso, pero eso es, en el fondo. ¿Quiénes están en el estallido? ¿quiénes permanecen en las calles? ¿quiénes no han caído en la trampa de que el voto lo resuelve todo? Son las personas más pobres, las personas sencillas, los cabros que vienen del SENAME. Tú lo ves cuando vas a las marchas y ves la Primera Línea, ese núcleo conformado en gran mayoría por jóvenes que están al margen de las decisiones políticas y de las organizaciones.

Nuestras luchas, desde 1973, están enraizadas en esta revuelta, son parte de ella. Las locas del 73 eran las más marginadas del sistema, en esa época no se hablaba de “trans”, se hablaba de “locas”, “maricones” y “colipatos”, había otro lenguaje, otras identidades distintas al abanico de identidades que hay ahora. Tenían que ver con el abuso policial, con la pobreza, eran “locas” muy pobres, eran jóvenes también, como las que salen ahora a las calles. Lo que pedían era libertad, que las dejaran de perseguir, que las dejaran de reprimir. Entonces en los orígenes de las revueltas de la diversidad y disidencia sexual están también estas demandas, las demandas de ahora. Ahora uno extraña que hubiera más presencia de locas en las manifestaciones, pero poco a poco han ido apareciendo. Están, aunque a veces no sean visibles, pero esta lucha también es nuestra.

Diario “Clarín”, 23 de Abril de 1973

Mirando las nuevas generaciones y sus diversas formas de vivir el género, ¿cómo crees que estas formas se relacionan con otras miradas históricas?

Hay un debate mucho más amplio de lo que había en los años 70′, en la primera protesta todo era más básico, más burdo, había muy poca información de lo que era la orientación sexual o la identidad de género, no se hablaba de identidad, en ese tiempo. La sociedad se dividía en “quien era maricón” y “quienes no eran maricones”, siendo las diferencias sexuales completamente estigmatizadas, perseguidas, castigadas y golpeadas.

En tiempos del compañero Salvador Allende, lo peor de lo peor era ser “maricón”, peor que ser delincuente, asesino o violador. En el último escalafón de lo negativo, de lo social, estaban los homosexuales y particularmente las travestis. Habitualmente eran portadas en los diarios, de izquierda o de derecha, por las persecuciones policiales. Con el tiempo se ha ido avanzando en derechos, visibilidad, incidencia pública y la conquista de leyes. Así también ha habido un avance cultural, con la discusión, el debate. Los homosexuales, las lesbianas y las trans de ahora son muy distintos a los que eran en los años 70′, hay otra conciencia, otras posibilidades también, hay mucha más información.

Ha surgido la posibilidad de estudiar, de conocerse, de reconocerse. Los estudios de género también han sido un gran aporte para entender el abanico de las sexualidades, que la sexualidad no es algo que venga concedido de nacimiento, sino que es una construcción cultural. La homosexualidad es una construcción cultural, como bien me decía Pedro Lemebel en los principios de los 90′ en el programa Triángulo Abierto en la Radio Tierra. Le preguntaba yo “¿qué es la sexualidad?”, entonces él me decía que era “una construcción cultural, política y cultural, que la heterosexualidad era una sexualidad impuesta”. Claro que a él le interesaba más la figura de “la loca”, las locas del 73′ no tenían la posibilidad de meterse a Google e investigar qué era ser homosexual. Sería interesante escuchar el registro del programa “Siempre Viva en Vivo” emitido este domingo 1 de Marzo en Radio Universidad de Chile, donde se realiza una entrevista a Evelyn Silva, una de las fundadoras de la Fundación Selena, para niños y niñas Trans. Ahí conversábamos sobre los niños trans y niñas trans de los años 50′ o 60′ como vivían su proceso…la verdad es que no lo vivían, se reprimían más bien, no podían vivirlo.

Ahora hay muchas más redes de apoyo, porque también ha surgido un importante interés en las academias, particularmente en las academias norteamericanas, por estudiar los temas de género, entonces en las universidades más prestigiosas tienen departamentos de estudio de género y ahora ya no se habla de diversidad sexual, sino que todo se mete en la sigla de los LGTBIQ+. Es una posibilidad, pero también hay que verlo como trampa, como trampa del lenguaje. Hay que verlo también como colonización del primer mundo respecto a nuestra sexualidad. Por ejemplo: hace un tiempo vino a Chile Paul B. Preciado, entonces estaban todas las locas como descubriendo la teoría queer, “¿que era la teoría queer?”, la teoría de los raros, la teoría de las locas. Entonces nosotros nos miramos con Pedro y nos decíamos “no sé qué es esa volá”, porque nosotras siempre fuimos “queer”. Pero vino Preciado a ponernos un nombre, de repente sería bueno hablar también de las necesidades de los queer, las necesidades económicas, las falencias y las marginalidades.

Entonces eso es una falencia de todas esas letras, de todos esos estudios. Antes de la muerte Lohana Berkins, que es un referente muy importante del movimiento travesti en Argentina, Paul Preciado le mandó muchos saludos para que se recuperara pronto, Lohana le respondió que ‘gracias por sus saludos, pero que espera que no solo escriba de lo queer sino que también de América Latina, que también hable de las locas y las maricas pobres’ Hay una tensión entre el primer mundo y nuestro mundo, que no es el primero. No todo se resuelve con las letras o con estudios, lo queer también debe tener una bajada de lucha, que va mucho más allá de la identidad.

Junto a Pedro Lemebel en Marcha del Orgullo Gay 1995
.Ph: Álvaro Hoppe

Tu amistad con Gladys Marín pone en manifiesto la alianza histórica entre mujeres y maricas. ¿Qué es lo que hace tan significativo aquel vínculo?

Ese apego, ese amor, ese afecto de las madres, en mi caso tiene que ver con mi abuela. Yo sufrí mucho cuando era pequeño, me hacían mucho bullying, llegaba llorando a la casa, se me notaba que yo era un niño distinto, por mis modos, por mi voz, me gritaban en el colegio, en la calle “maricón, colisa”. Vecinos que ahora me saludan muy contentos, como si nada hubiera pasado, pero yo no me olvido, esa marca te queda, esa cicatriz de risas por la espalda te va a acompañar siempre. Entonces en medio de todo ese estigma y esa vivencia dolorosa, de no saber porque me molestaban tanto, fui comprendiendo y transitando en mi propia identidad, mi propia sexualidad, ahí me encontré con mi abuelita. Ella siempre fue una mujer muy cariñosa, muy afectiva, si bien nunca entendió esto de la homosexualidad, ella pensaba que esto era una mala costumbre mía, pero nunca me discriminó, incluso después cuando supo que vivía con VIH. Nunca hizo un atado en el baño, que de repente las mamás lo pueden hacer o la familia con los utensilios de la comida, nunca, jamás. Ahí descubrí el compañerismo, el afecto con las madres, las abuelas, las mujeres que han sido importantes en mi vida. Creo que han sido importante en la vida de muchos colas.

“Junto a mi abuelita Luzmira en El Cortijo”
Ph: Paz Errázuriz.

Mi abuela me fue abriendo en cierto ámbito la lucha, el compromiso. Una vez estábamos viendo televisión y ella me dice “me gusta esa mujer, me gusta esa mujer” y era Gladys Marín. Entonces yo, cola chica, caché a esta mujer y empecé como a estudiarla, a perseguirla, a ir a sus actos. Al principio sus compañeros del Partido nos ponían trabas, pero ya después cuando nos fuimos conociendo, cuando me transformé en un activista, nos hicimos amigos, muy buenos amigos. Yo siempre le regalaba cosas o la provocaba con cosas, ella era muy recatada, muy cariñosa, muy afectiva. Me acuerdo que una vez hizo un gesto que la describe como persona. Para el día de la mujer, estaba en un punto de prensa frente a la Universidad de Chile, estaban todos los periodistas alrededor porque ella era muy magnética, eso provocaba, era la voz de la disidencia, la voz de la oposición a la dictadura de Pinochet siempre fue la Gladys Marín, la voz de la resistencia, del pueblo. Entonces ella estaba hablando y llego yo con mi boina a escucharla, me pongo ahí, ella detiene la conferencia de prensa, me mira y me dice, “Víctor Hugo, buenos días, ¿cómo estás?”, “bien” le digo yo sorprendido, “que bien” dice, “¿sigamos?” les dice a los periodistas.

Ella era así, cuando se informó que yo vivía con VIH me llamó a la casa muy preocupada. Yo aprendí a quererla mucho, ella abrió un espacio muy importante dentro del Partido Comunista con su amistad con Pedro, que no fue fácil ni para mí, ni para ella, ni para Pedro porque estas locas tontas (Pedro y yo) nos peleábamos la amistad de la Gladys. Entonces la pobre Gladys sufría esa disputa de locas por su amor, cuando ella nos quería a todas po’, tenía su forma de querer a cada una. Ella abrió un espacio, reconoció toda esta lucha de las Yeguas del Apocalipsis, cuando fueron las primeras como colectivo de arte homosexual, de política homosexual que comenzó a interpelar a la izquierda. Así que mi matriz de lucha tiene que ver con las Yeguas, tiene que ver con mi abuela, tiene que ver con Gladys y particularmente con Pedro Lemebel.

“Gladys y Víctor Hugo en lanzamiento campaña presidencial Gladys Marín, Parque Quinta Normal”
Ph: María Jara

Hace unos meses se estrenó el documental “Lemebel” de Joanna Reposi, retratando parte del trabajo de tu compañera y amiga Pedro. ¿Qué te pasó cuando supiste que su nombre ahora es marca registrada?

Una desgracia. La muerte de Pedro fue brutal para todos, nosotros teníamos una amistad muy entrañable, nos peleábamos mucho, me arrepiento también de todas esas peleas, que ganas de volver el tiempo para atrás y no pelearse tanto con las amigas. Una que sale tan peleadora, tan palabruda, a veces uno no mide que no somos eternos, que no vamos a estar siempre aquí. Pese a todas esas peleas con el Pedro, que eran peleas de locas también, porque teníamos peleas bien insignificantes, teníamos otras que fueron importantes, pero siempre nos unió el cariño, siempre nos volvíamos a encontrar, a ir a la Vega, a fumarnos un pito, salir a emborracharnos y éramos tan felices después en los reencuentros, pero algo pasaba y otra vez nos peleábamos.

Cuando supe que tenía cáncer fue terrible, me acuerdo que llegué a su casa borracha. Cuando cayó a la clínica estábamos peleados, entonces un amigo de Argentina, Alejandro Modarelli, me comentó “voy a ir a ver al Pedro” y lo acompañé. Cuando íbamos en camino, pasan esas cosas maravillosas que siempre pasan, que pasan en el amor, que recibo un mensaje por Facebook, de otro amigo, diciendo que Pedro me quería ver y nosotros ya íbamos para allá. Fue tan divertido porque entramos a la clínica, Pedro estaba en una silla de ruedas mirando una ventana hacia afuera, yo llegué por atrás y no me vió cuando entré, entonces cuando se da vuelta le digo ¡Pedro!, me ve y dice “¡GUUUUUUAAAAAAARDIA!”. Yo quedé super asustada, dije “chucha la cagamos, la cagué en venir”, había llamado a los guardias, “no niña” me dijo “es una broma… una broma”. Después nos cagamos de la risa.

Él era así, así de sorprendente e irreverente hasta el último día de vida. Ahí por primera vez lo vi muy débil, me preguntó por mi abuelita, me preguntó por la importante crítica cultural Nelly Richard, que también es una amistad que nos une mucho, me preguntó en qué estaba yo y me invitó a su casa para el año nuevo, que eso fue el último año nuevo de su vida.

Cuando falleció fue un golpe terrible para todas, mientras estuvo enfermo también, todas locas, todas peleadas, había algunas que me miraban feo, después empezaron con la idea de hacer una lista para ver quiénes entraban y quienes no. Esas rivalidades hasta el último, sin siquiera respetar al amigo que estaba muerto, cuando falleció fue tremendo, fue terrible, y después cuando nos enteramos de que no solo se iba el Pedro, sino que desaparecía la impronta de su trabajo, la familia que no entregaba pistas de lo que iban a hacer con su obra. Él no dejo tampoco ningún testamento ni nada, aunque bromeaba, de hecho, en la misma clínica bromeaba la loca, nos regalaba departamentos, decía “a ti te voy a regalar el departamento de Dardignac, no, no, no, mejor que no, se lo voy a regalar a esta otra”, yo creo que fui dueño de uno de sus departamentos como tres segundos. Pero concretamente no le dejó nada a nadie, a lo mejor era su voluntad, quizás a su familia por si les faltaba algo, creo que siempre pensó en su sobrina Daniela Mardones, ella es la que se estaba haciendo cargo.

Así que al principio tuve muchas dudas, incluso señalé en algunos comentarios sobre lo lucrativo que se transformaba la marca Lemebel pero, tengo esperanza, que ahora que la familia quiere construir una fundación, haga algo mucho más allá del lucro, que recuerde esa obra, la expanda, la desarrolle, que la entregue y la comparta con el pueblo, como el mismo Pedro lo hacía con los libros pirateados. Hay todo un legado cultural que le corresponde al pueblo y el pueblo también lo quiere. Han surgido una serie de libros, obras de teatro y este documental Lemebel.

Yo no conocía a la directora Joanna Reposi, nunca la vi, no la vi en las fiestas de Pedro o en su cumpleaños. Efectivamente entrevistó a Pedro, eso me consta, fue chequeado y conversado, están las imágenes, pero no es cierto que ella haya sido amiga como se presenta. Tan así que incluso Pedro tenía un sobrenombre para ella, no sé si sabe, pero Pedro le llamaba “La Rapiña”. Con eso dice todo.

Cuando yo vi la película, que colaboré sin saber, fue bien impactante ver la despolitización del Pedro, de que estábamos todas invisibilizadas, ósea es un documental sobre ella (Joanna) y sobre ella entrevistando al Pedro. Es legítimo, igual son platas del Estado las que ocupó para hacer el documental, así que lamento que ella haya buscado despolitizar al Pedro. Yo le llamé la atención, le pregunté que por qué no había incluido a Gladys Marín. “No, no” me dijo, “porque el Partido Comunista había utilizado a Pedro Lemebel”. Entonces me dio lata todo eso, ahora sé que anda distribuyendo y mostrando el documental por el mundo, mientras resulta que Pedro está aquí, en las calles. Los homosexuales tenemos que ver con el estallido. Una de las imágenes afuera del Centro cultural Gam, pone al lado de Hija de Perra, de Gladys Marín, al lado de la loca del carrito, al lado de Gabriela Mistral, al lado de Felipe Camiroaga, a Pedro po’, nuestra Pedro Lemebel.

Junto a Lemebel estación Mapocho.
Ph: Eugeny Rodríguez

¿Qué crees que debería mirarse de los movimientos de la diversidad sexual de los 70`y de los 80`? ¿Como los compararias con los movimientos del día de hoy?

Ahora hay mucha más diversidad de lo que uno cree y existe un movimiento, lo que no existe es una comunidad compacta, una comunidad igualitaria. ¿Por qué yo voy a ser comunidad con una persona como Luis Larraín que viene de una matriz ideológica de derecha, de complicidad con la dictadura, con un soporte cultural, económico, intelectual y laboral muy distinto a mío. Él no es parte de mi comunidad, como sí lo es la loca, la travesti que está en mi barrio, mi vecina, los cabros que están tomando en la esquina, que saben quién soy yo y yo sé que quienes son ellos, que nos reconocemos, nos saludamos.

Yo tengo 51 años, cuando uno comenzó a descubrirse, a construirse y deconstruirse también, no teníamos muchas herramientas y no conocíamos muchas personas que fueran como nosotros. Creo que un momento clave para cualquier cola es cuando vas por primera vez a una discoteca. A mí me pasó en la discoteca Fausto, una de las más antiguas. Una vez pinché, como pinchábamos antes, no había Grindr, sino que uno pinchaba en el Paseo Ahumada, caminaba como loca mirando vitrinas, soñando con comprarse esa polera, porque no teníamos la posibilidad de comprárnosla, pero ya verla era como acercarse un poco a tener esa linda polera. Conocí a un brasilero que era mucho mayor que yo, pinchamos, nos dimos unos besos y él me llevo a Fausto. Para mí fue súper impactante como loca chica, descubrir que habían tantos homosexuales, que eran tantos y no era solamente yo, que habían unos tan lindos, tan hermosos… El hecho de reconocerse en otro, de saber que hay otros similares a ti es una experiencia bien marcadora y yo creo que a todas las personas les ha pasado.

Por eso yo creo que las diversidades sexuales, emigran de las ciudades pequeñas a ciudades más grandes, porque primero es más fácil camuflarse y también tienen la posibilidad de conocer a muchas más personas. Ahora tenemos esa posibilidad, no solo de camuflarse, sino que tenemos el derecho de conocer a otro, de organizarnos. Si uno recorriera el país, se daría cuenta que hay muchas organizaciones, muchos colectivos de la disidencia, muchos colectivos artísticos. Eso no es porque la sociedad lo haya permitido, hemos sido las locas que hemos ido construyendo esta transformación cultural. El sistema ya no tiene posibilidad de ocultarse o de negarte, porque decides, porque eres parte de los equipos, porque trabajas, porque eres parte de las familias, porque en todas las familias hay un maricón, una lesbiana, una bi u otres.

En tu escrito “Quirimos rispeto” has criticado fuertemente las “políticas de igualdad” adoptadas por algunas organizaciones de diversidad sexual, ¿qué es lo conflictivo de este paradigma de lucha que aspira a la igualdad?

No somos iguales. La lucha de clases marca nuestra historia como país, nuestra historia como pueblo. La historia de la humanidad ha sido la historia de hombres poderosos que aplastan a otros hombres, mujeres y niños más débiles. No por nada Marx escribió “El Capital”, no por nada existe el marxismo, una ideología rica en contenido, que uno tiene que leer y acercarse para comprender por qué somos distinto. Nosotras tenemos que reconocer que somos parte de ese conflicto, somos parte de esa pugna de clases. La verdad es que es muy violento decir que somos todos iguales, como bien dice la película “La granja de los animales”, “somos iguales, pero hay algunos más iguales que otros”. Entre iguales ellos son más iguales, son tan iguales entre ellos que son capaces de defender a la jueza Atala, pero no son capaces de ponerse del lado de un joven que es injustamente detenido y acusado de tirar una bomba molotov que se llama Nicolás Ríos. Entonces ahí uno se da cuenta que somos distintos y diferentes, si bien yo me consideraba amigo de Karen, no soy amigo de la jueza, no tengo porque ser amigo de una persona que ejerce un poder del Estado, que en vez de hacer justicia abusa de ese poder para pisotear al más débil. Por eso no somos iguales, no vamos a ser iguales y no queremos ser iguales.

Ph: Archivo personal Víctor Hugo Robles

El domingo primero de Marzo comenzó el segundo ciclo de “Siempre viva en Vivo”, único programa radial de la diversidad sexual y el VIH/SIDA en Chile. ¿En qué aspectos despertó Chile para las personas que viven con VIH?

Este programa es una continuación, una herencia del programa Triángulo Abierto que hacíamos a partir de 1993 en la Radio Tierra, una radio feminista. Sin el feminismo no estaríamos como movimiento LGTBIQ+. Lo que hacemos ahora es entrecruzar las luchas de la diversidad con las luchas de VIH, también como una resistencia a este negacionismo que existe entre la homosexualidad, prácticas sexuales entre hombres, hombres que viven con hombres, y el VIH. Hay grupos como el Movilh, liderados por el eterno e insufrible Rolando Jiménez, que hasta el día de hoy niegan esa relación, que dicen que no quieren que se discrimine a los homosexuales, pero la verdadera discriminación es negar que existen homosexuales que vivimos con VIH, que en términos de estadísticas en Chile hay una epidemia concentrada y está concentrada en hombres que tienen relaciones con hombres, la población gay joven. Negarlo no solo es discriminación, sino que es criminal. Lo que hace este programa es despertar esa conciencia, no podemos seguir negando. Si bien no es exclusivo de los homosexuales el VIH, porque es una situación de salud que afecta a todas las prácticas sexuales sin prevención: homosexuales, heterosexuales, bisexuales. Pero, nosotros como diversidad sexual debemos tener nuestro propio lenguaje para prevenir, para educar. Tenemos que abrirnos a hablar sobre VIH.

En el primer programa del segundo ciclo, estuvimos con el cientista político Carlos Fara que fue activista de Acción Gay, que vive con VIH y conversábamos del estallido. El VIH ha estado ausente del estallido, no ha sido un tema que las organizaciones hayan levantado, porque también está ausente en la sociedad completa. Si bien está presente en nuestros cuerpos y en las estadísticas, que cada día son más alarmantes, no está presente en los discursos políticos, en los mensajes artísticos. Hoy día uno valora toda la buena onda de los artistas en el Festival De Viña que tiraban buena onda y mensajes positivos a los homosexuales, como el Flaco, el ex Dinamita Show, la humorista la Javiera Contador y así todos los humoristas, incluyendo a Belloni, que fue polémico a su modo de hacerlo, pero también quiso hacer un guiño hacia la comunidad LGTBIQ+. Pero ninguno de ellos, ningún artista, habló de VIH, de prevención del VIH/SIDA, cuando podría haber sido una excelente tribuna. Cuando fui a ver a Mon Laferte estaban haciendo el test rápido, en un “ranchito” y ponían la propaganda en medio del espectáculo, pero no repartían condones.

Y nada de eso salía en la tele tampoco…

Pero porque no ponían el Spot, mientras pasaba el Festival De Viña. Falta audacia, de las autoridades políticas, falta audacia del Ministerio de Salud. Nunca hemos tenido un jefe de programa que sea una figura destellante, que todo el mundo sepa que esté dando la pelea. Siempre son equipos pencas, un señor técnico, una señora técnica que nadie conoce, nosotros no necesitamos técnicos, necesitamos incidencias políticas. Ahora vemos a la mayoría de las organizaciones muy interesadas en el plebiscito, muy interesadas en participar de todo este proceso constitucional que irá a durar dos o tres años, no sabemos cuánto, pero resulta que ahora es cuando las personas están adquiriendo el VIH, el sífilis y la gonorrea. ¿Dónde están esas luchas? Esas luchas no las vas a votar el 26 de abril, esas luchas tienen que darse ahora. Yo me resisto a la trampa electoral del 26 de Abril, una trampa parlamentaria, fraguada en el Congreso Nacional a espaldas del pueblo movilizado y firmada con la sangre de los jóvenes de la revuelta social. Que cada une haga lo que estime y lo que corresponde, pero yo no voto, porque el voto y el poto me pertenecen a mí. ¡LIBERTAD PARA EL VOTO, EL NO VOTO Y LIBERTAD TAMBIÉN PARA EL POTO!

“Víctor Hugo junto a Gladys en el estadillo”
Ph: Javier Godoy.