Por: Josecarlo Henríquez. Ph: Roberto Gaete

Lo que más me carga de la corona esta, la virulenta corona, es cómo me asusta, porque la gente debe quedarse en su casa y yo por lo general trabajo a domicilio. Muchas veces vienen a mi lugar, pero ni a mi lugar van a querer venir con tanto pánico al contacto físico. Entonces claramente muchxs trabajadorxs sexuales tendremos menos clientes presenciales, aunque siempre la calentura puede más que cualquier virus, lo sabemos y nos consta, que el deseo desobedece cuarentenas y toques de queda. Sin embargo, se precarizan las condiciones de muchas trabajadorxs en medio de esta pandemia y la virtualidad retoma sentido con más urgencia. Una videollamada porno puede salvarte un rato también, lo recomiendo, pues lxs ciber-clientes abundan en épocas virulentas de cuarentenas.

Desdramaticemos algo que ha sucedido tantas veces en la historia, de forma sospechosas algunas, otras más naturales, podemos hasta ponernos conspirativas con la corona. No me extrañaría. Porque si en medio de revueltas sociales en todo el mundo surge un virus que nos obliga a quedarnos en la casa y andar con miedo a juntarse con las personas, entonces, ni tan descabellado me resulta ponerme “conspirativo”

Los ciber-clientes podrían salvar bastante esta precarización de ciertos trabajos en mayor contacto físico. Yo al menos ya no ofrezco el servicio de “besos”, aun que no se si no dar besos me ayude de no contagiarme de la corona. Usar guantes de látex para atender, el servicio en la ducha, gran fetiche de muchxs, culiar en la ducha, bien enjabonadas, con harto friegue y refriegue. Pero sin besos.

ph: Roberto Gaete

Podría ofrecer un servicio sanitario sexual: guantes de látex, mascarillas, y alcohol gel, pero nada es confiable estos días y solo nos queda esa extraña fe a la oscuridad, a no saber, un riesgo, algo nos puede matar a varias a otras las mantienen en pánico de auto-encierro estricto. Tengo amigas mas obedientes que otras, yo debo desobedecer cada cierto tiempo. 

Son días de revuelta en todas sus dimensiones. En tiempos de fascismo y pandemias nos queda, como siempre, la resistencia. Nuestra utopía agenciada en estos modos de ínter-protección, de redes tecno-afectivas. Reactivar modos colaborativos, por ejemplo, en el trabajo sexual. Como lo está haciendo Fundación Margen con el acopio de alimentos y dinero para nuestras colegas de la tercera edad. Quedarse en casa pero mantenernos en contacto, y ante la necesidad de presencia, guantes de látex y una linda mascarilla. Solo será un tiempo, paciencia y juguemos a las películas del futuro distópico, no seamos ingenuas y mantengámonos alerta. Mas que desinfectadas, alertas, aprendamos a relacionarnos para no dejar de relacionarnos. El mundo cada vez estará más toxico. Esto está recién comenzando y entre revueltas sociales y alertas sanitarias, tendremos que seguir resistiendo desde nuestras redes, nuestros contactos que han generado un tejido que, aun que el sistema nos prefiera muertas, seguimos porfiando entre nosotras.