Por Federico Andonaegui. Ph: Gothicolita

La relación entre danza y sexo es muy antigua. En las organizaciones tribales, la danza era parte de rituales para la supervivencia, como la caza, la lluvia o la fertilidad, siendo su carácter primordialmente instintivo, emocional y rítmico los que la hacen una manifestación primaria, como el deseo. 

A través de la historia, el sexo se ha nutrido de los movimientos y la sensualidad de la expresión corporal, de esa forma, la danza ha acompañado durante siglos los momentos de placer. Las personas han mostrado su cuerpo en una conjunción de música y movimiento, bailando, para despertar el erotismo de quien observa o de ellos mismos. Abandonar la vergüenza y los prejuicios en cuanto al baile erótico significa darle la bienvenida a una sexualidad más disfrutable y plena.

En el mundo contemporáneo, el twerk es considerado una danza urbana de moda. Esta consiste en un movimiento dirigido por la pelvis en el que se mueven las caderas hacia adelante, hacia atrás, hacia los costados, formando círculos e infinitas posibilidades. También son múltiples las posiciones y niveles, pero en general se practica con las rodillas flexionadas activando los lumbares para hacer movimientos de anteversión y retroversión con las caderas, complementando con la soltura de los glúteos.

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Pero el twerk no es solo una tendencia novedosa, sino que tiene profundas raíces africanas y de resistencia. Bailar meneando la cola es un movimiento ancestral, las danzas de glúteos han sido representadas en los matrimonios y en los rituales para inducir a la fertilidad, para fortalecer los músculos pélvicos después del parto y para celebrar desde un lugar de resistencia. De África a Brasil, Jamaica, Cuba, República Dominicana y Estados Unidos, esta danza siguió la diáspora del comercio de esclavos. En cada lugar, desarrolló un nombre propio, una técnica propia, y se adecuó a la música correspondiente al país. En Cuba se llama el “vacunao” y en Costa de Marfil, la “Mapouka”. Esta ha sido una danza de celebración en la que familias enteras participan en plena calle. 

Hoy, la palabra “twerking” la podemos relacionar con Nicki Minaj, Beyoncé o la “cobra argentina” Jimena Barón, sin embargo, los orígenes pertenecen a las culturas africanas y a las subculturas que se crearon a partir de la diáspora, por ejemplo, la comunidad negra LGBT de Nueva Orleans.

La sensualidad del twerk se relaciona con la zona que trabaja: justamente es la pelvis donde se desarrolla el centro de la sexualidad humana. Mover esta parte significa liberarla, crear un espacio de auto conocimiento, diversión, diálogo y salud. Aprender a gestionar, controlar y sentirnos bien con nuestros cuerpos no puede liberar. Significa una revolución en una cultura que sataniza los movimientos pélvicos o que considera que deben ser exclusivos de la intimidad.

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Pero, ¿es el twerk una danza sexual? La bailarina, coreógrafa y directora teatral Romina Fisela, opina que sí. 

“Se baila con nuestro centro, centro creador de vida y de impulsos vitales de líbido. A fin de cuenta, muchas expresiones en diferentes estilos de danza son generadas para la conquista, la provocación y el cortejo. El gran conflicto surge cuando se considera lo sexual desde el tabú, en un contexto social occidentalizado, en el que recién se está empezando a implementar educación sexual integral en las escuelas, las teorías sobre filosofía de género están llegando a mayor cantidad de personas y nos cuestionamos e investigamos permanentemente”, declara.

A lo largo de la historia, los movimientos eróticos del cuerpo siempre han estado vinculados a la mirada de un otro, un ojo ajeno que en la vida de las mujeres, ha sido el del hombre. Las feministas racializadas, strippers organizadas y otras activistas pro-sexo han luchado por quitar la cosificación obligatoria del cuerpo en torno al baile, reapropiándose de sus cuerpos y abriendo espacio para el autoplacer en la libertad erótica que les entrega la danza, tal como dice la canción “Yo perreo sola”. La llamada a bailar para tí misma (aunque no habría nada de malo en bailar para otre si tú lo quieres) va de la mano también con romper los tabúes y moralismos sexuales que posicionan a la mujer como un objeto de servicio, esa creencia de que una mujer al bailar frente a un grupo de hombres, la convierte necesariamente en un objeto a su disposición, como si estas carecieran de intelecto y no supieran lo que están haciendo.

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Perder el miedo a mover el cuerpo, practicar twerk y otros bailes eróticos pueden reportar un gran placer, que a la vez puede ser saludable para tu cuerpo. Aprender a danzar con el centro sexual, rompiendo los tabúes y vergüenzas, es liberador y entretenido. Facilita los orgasmos al conocer mejor la musculatura pélvica, alivia los dolores lumbares, mejora la postura y fortalece los músculos del suelo pélvico. La danza puede ser una buena amiga en el sexo, no sólo como espectáculo previo, sino en pleno desarrollo del acto. Un sexo mecánico puede ser aburrido, mientras que los movimientos nos entregan sensualidad, libérate, dale vida a tu centro y disfruta de su impulso salvaje.